La filosofía se convierte en biografía

Y entonces, aquello que parecía filosofía se convierte en biografía. Ahí, la Vida, el Amor y la Muerte dejan de ser grandes conceptos para adquirir nombres, rostros, fechas, ausencias y decisiones que nadie podrá tomar por nosotros. (…)
Empecé a sospechar que existe una especie de techo (...) a partir del cual seguir creciendo y desarrollándote ya no consiste únicamente en añadir nuevas herramientas y competencias (…). En algún momento, e imagino que ya has vivido alguno de ellos, el crecimiento deja de preguntarnos solamente: "¿Qué más necesito aprender?" Y empieza a preguntarnos también: "¿Qué necesito aceptar, perdonar, integrar, soltar, entender…?" (…) "¿A qué merece la pena entregar mi vida?" (…)
No todas las pérdidas tienen funeral. Pero todas nos obligan, de alguna manera, a relacionarnos con algo que ya no puede continuar exactamente como antes. Durante años aprendemos a adquirir conocimiento, capacidades, reconocimiento, dinero, relaciones, experiencia, autonomía... Pero casi nadie nos entrena (…) a perder, a cambiar, a encajar expectativas no cumplidas, a soltar, a despedirnos, a aceptar, o a continuar a pesar del dolor, la decepción y el sufrimiento. (…) Vivir también significa atravesar cambios que ningún esfuerzo, conocimiento técnico o laboral conseguirá evitar completamente. (…)
La preparación es valiosa. Yo mismo he construido buena parte de mi vida alrededor de ella. Pero existe una diferencia entre prepararnos para el futuro e intentar conseguir que deje de ser incierto. (…) Prepararse consiste también en ampliar nuestra confianza en que, si un día llega una pérdida podremos sufrirla, pedir ayuda, atravesarla y continuar. (…)
No podemos ordenar al océano "No tengas tormentas", pero podemos aprender a navegar. Y ahí aparece una diferencia esencial entre control y capacidad de respuesta: (…) podemos cuidar nuestra salud, pero no garantizarla; educar a nuestros hijos, pero no vivir su vida; construir una buena relación, pero no asegurar que dure para siempre; prevenir riesgos, pero no eliminarlos todos. (…)
Quizá esta sea una de las tareas más difíciles de la adultez: renunciar progresivamente a la fantasía de que, si somos suficientemente buenos, fuertes, responsables, preparados o inteligentes, podremos evitar aquello que más tememos.
“La vida entre el amor y la muerte. Cómo vivir y amar sabiendo que vamos a perder, sin dejar que el miedo nos gobierne”, Rodrigo Sampedro



