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  • Mónica Rivas

Impermanencia


Dentro de la tradición budista, la impermanencia se refiere a una enseñanza central de que todos los fenómenos son transitorios y están sujetos a cambios o disolución. Esto incluye fenómenos psicológicos, como los pensamientos y las emociones (por ejemplo, una emoción surge y se disipa), así como fenómenos materiales animados e inanimados, como rocas o animales (por ejemplo, un ser humano envejece y finalmente muere).

La impermanencia constituye una de las tres enseñanzas sobre la naturaleza de la existencia descrita en el budismo: impermanencia (que todas las cosas están cambiando), sufrimiento (que vivir implica sufrimiento antes o después) y ausencia de un yo (que no existe un ser individual, permanente e independiente del resto de los seres).

Según la psicología budista, cultivar la impermanencia, la conciencia y aceptación de la naturaleza cambiante de cualquier estímulo ofrece varios beneficios psicológicos. (…). De esta manera, practicar la conciencia y la aceptación de la impermanencia puede ayudar a las personas a desarrollar resiliencia cuando se enfrentan a un trauma, dolor o pérdida. (…)

Además, cultivar la impermanencia puede aumentar la gratitud por aspectos de la vida efímeros. Aceptar cambios o pérdidas como inevitables, puede motivar a las personas a buscar relaciones o valores importantes durante su finita vida. Saber que cada momento, cada persona y cada experiencia son fugaces puede llevar a las personas a saborear y apreciar la vida más plenamente.

Finalmente, aunque la conciencia de la impermanencia puede provocar tristeza cuando el fenómeno que cambia se valora positivamente, también puede inspirar alivio o alegría cuando la impermanencia se aplica a procesos difíciles como el final de una enfermedad. (…) Sin impermanencia, las dictaduras, el dolor y las cenas aburridas durarían para siempre.

La conciencia y la aceptación de la impermanencia también comparten características con la tolerancia a la incertidumbre y la tolerancia a la ambigüedad, ambos relacionados positivamente con el bienestar. La tolerancia a la incertidumbre es la capacidad de aceptar estímulos que no se definen fácilmente o que no se pueden conocer. La tolerancia a la ambigüedad se describe como el grado en que un individuo se involucra o evita estímulos incongruentes, complejos o ambiguos.(…)

Sin embargo, conocer un fenómeno intelectualmente no es lo mismo que aceptarlo emocionalmente (…): nuestra reacción habitual al cambio es negarnos, posponernos o distraernos. Esta aversión a la realidad del cambio puede generar comportamientos desadaptativos cuando intentamos hacer que las experiencias, los objetos o incluso nuestros propios cuerpos sean más permanentes.


“La escala de la conciencia y aceptación de la impermanencia”

Silvia Fernández Campos, Pablo Roca y Mary Bit Yaden