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  • Mónica Rivas

El misterio de la vida


Que tus despertares te despierten.

Y que al despertarte, el día que comienza te entusiasme.

Y que jamás se transformen en rutinarios los rayos del sol

que se filtran por tu ventana en cada nuevo amanecer.


Y que tengas la lucidez de concentrarte

y de rescatar lo más positivo de cada persona que se cruza en tu camino.

Y que no te olvides de saborear la comida, detenidamente,

aunque solo sea pan y agua.

Y de encontrar algún momento en el día, aunque sea corto y breve,

para elevar tu mirada hacia lo alto y agradecer por el milagro de la salud,

ese misterio y fantástico equilibrio interno.


Y que logres expresar el amor que sientes por tus seres queridos.

Y que tus abrazos, abracen.

Y que tus besos, besen.

Y que los atardeceres no dejen de sorprenderte,

y que nunca dejes de maravillarte.


Y que llegues con satisfacción al anochecer por la tarea realizada durante el día.

Y que tu sueño sea calmo, reparador y sin sobresaltos.

Y que no confundas tu trabajo con la vida,

ni tampoco el valor de las cosas con su precio.

Y que no te creas más que nadie

porque solo los ignorantes desconocen que no somos más que polvo y ceniza.


Y que no te olvides, ni por un instante,

que cada segundo de la vida es un regalo, un obsequio,

y que si fuéramos realmente valientes, bailaríamos

y cantaríamos de alegría al tomar conciencia de ello.

Como un pequeñísimo homenaje al misterio de la vida que nos abraza y nos bendice.


Antigua plegaria hebrea