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  • Mónica Rivas

El desánimo


El desánimo se asienta en el desgaste, el cansancio , la ausencia de resultados y la pérdida se esperanza. (…) El riesgo del desánimo es la renuncia, que representa su consecuencia concreta (…). Existen dos tipos de renuncia: la elegida y la sufrida. En el primer caso, uno se da cuenta de su cansancio y de su incapacidad transitoria para afrontar la situación, para resolver el problema; lo acepta, se relaja y se concede un reposo, un tiempo de reflexión, pide ayuda. Pero la renuncia sufrida, consecuencia de la obstinación y el agotamiento, nos debilita y socava nuestro sentimiento de eficacia y de libertad. (…)


La determinación, la flexibilidad, la lucidez, el pragmatismo, la serenidad, la fuerza anímica con las cualidades que los psicólogos asocian con la esperanza y detectan en las personas de naturaleza optimista (…)


No tenemos que ponemos nerviosos por el hecho de que en nuestra vida existan unas fuentes generadoras de sufrimiento y otras de esperanza, pero sí que es preciso que nos aseguremos de que se integran dentro de una relación con el mundo que permanezca abierta, fluida, viva, activa… (…)


Si te sientes desalentado o desesperado, quizá sea sencillamente porque la situación es de verdad desalentadora o desesperante, y porque por ahora no hay una solución simple. Si hay solución, llegará; si no la hay, sucederán otras cosas. En cualquiera de ambos casos, no te preocupes más de lo necesario, ni te quedes encerrado en ese minúsculo rincón de tu espíritu, cara a cara con el problema. Sal, muévete, ordena tus cosas… No estés solo, habla con alguien, no necesariamente de tu problema, encuentra la conexión con alguien que te estime, y que te hará ver las cosas de otro modo, o te aconsejara, o te consolará.


“¡Viva la libertad!”, Christophe André, Alexandre Jollien y Matthieu Ricard